Franco como (imposible) icono pop

O sí. A ver. Andy Warhol hizo del retrato de Mao una de sus obras más reconocibles. Trasladó a un líder marxista-leninista al capitalismo por la vía de vender su imagen repetida a precios astronómicos. Uno de los grandes bromazos del artista pop por excelencia. Pero quien ha intentado una operación similar con Franco ha salido escaldado. Me refiero, por ejemplo, a ese dictador en la nevera de Coca-cola que se inventó Eugenio Merino para una edición de Arco (allá por 2012). 

Aquella acción (cuya imagen tienen arriba) provocó un levísimo ruido y poco más.

Y como artefacto artístico no pasaba de chascarrillo sin más.

Igual que lo que hizo, también en 2012, el artista Fernanco Sánchez Castillo con el Azor, yate icónico del franquismo que estaba de adorno en un motel burgalés (como lo oyen y pueden ver la fotografía) hasta que él lo compró, lo convirtió en chatarra y expuso esa chatarra prensada en una galería.

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Lo del Azor también se quedó en anécdota artística sin consecuencia.

Cuando la contracultura pintó al Caudillo

Quizá el rastro más persistente de cómo convertir a Franco en objeto de interpretación pop lo hallemos en la exposición El pintor de canciones (en el madrileño Centro Cultural de la Villa Fernán Gómez) donde se hace un repaso exhaustivo y estimulante por la intersección de arte figurativo o audiovisual con la música. O sea, que si las portadas abstractas de los discos de cantautores, que si la Movida y que si la psicodelia y todo eso.

Y, claro, ahí está la fabulosa portada de Star con un Franco warholiano, publicada en 1976, apenas a un año de la muerte del dictador.

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Star fue el gran faro de la contracultura española y se atrevió con todo. Hasta con Franco. Y quedó esta portada para la historia.

El arte franquista de Dalí

Ni siquiera Dalí, que se declaró en numerosas ocasiones franquista recalcitrante y a quien jamás importó lo más mínimo que Franco (o sus compinches) fusilaran a García Lorca, compañero y amigo suyo en la Residencia de Estudiantes, ni siquiera Dalí (decimos) logró empujar hacia el territorio del pop o la vanguardia al Generalísimo de Todos los Ejércitos. Tal y como él se gustó en denominar.

Hizo Dalí, eso sí, un retrato de Carmen Martínez-Bordiú cuando era niña que es, sinceramente, de lo peor de Dalí. Ese surrealismo para tienda de souvernirs en que derivó su genio. Ahí está, no obstante, la sobrina de Franco a caballo, para quien quiera disfrutarla como cuadro peculiar.

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Tuvo poca suerte Franco a la hora de ser retratado. Todo son mediocres estampas en las que aparece con menos tripa que al natural pero con poca épica.

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Ya en los 70 el pintor malagueño Felix Revello del Toro probó a retratar a Franco y a su señora y el resultado fue el que fue. También bastante decepcionante.

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En fin, que Franco y el pop no han llegado a congeniarse. Tal vez el que mejor lo haya aproximado a este terreno sea Álex de la Iglesia en Balada triste de trompeta, con aquel dictador anciano al que un salvaje Carlos Areces mordía la mano y el Valle de los Caídos reconvertido en escenario de persecución a lo Hichtcock. O, simplemente, habrá que esperar. El arte no se detiene. Y el pasado siempre es una buena fuente de inspiración.

DANIEL SERRANO

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Fotos: Gtres

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