Eurovisión y la política: de Franco a Podemos

¿Es Eurovisión reflejo de su época? A ver. Replanteemos la cuestión adaptándola a nuestra idiosincrasia. El rollo indie/pop (blandito) de Manel ¿representa a la España actual, a la España joven, a la España pluripartidista, a la España de Ciudadanos, Podemos y (mal que le pese al aludido) a la España de Gabriel Rufián?

Puede que sí o puede que no.

El caso es que, si uno se fija, ha habido un cierto reflejo de la evolución política de España a través de sus representantes en Eurovisión a lo largo la historia de este certamen fundado en 1956.

Para empezar, a España no le dejaron participar hasta 1961 porque como país éramos un poco fascista y, además, no estábamos para demasiadas fiestas tratando de quitarnos el hambre de la posguerra.

A partir de ahí, hagamos un repaso de momentos políticamente importantes para España y de Eurovisión con respecto a esos instantes en el tiempo.

1. Massiel o el 68 español

1968 fue un año fundamental para la historia y cambió muchas cosas. Para España supuso una victoria en Eurovisión en pleno franquismo. Lo que Conchita Bautista, Raphael y José Guardiola no habían conseguido lo consiguió Massiel. A Franco se le coló una roja en el certamen después de que un rojo (Serrat) decidiese que o cantaba La la la en catalán o no iba. No fue. Así eran las cosas en la dictadura. ¿Reflejaba Massiel la España del momento? Reflejaba la España que venía, la que tenía en las barricadas parisinas y la libertad sesentayochista su modelo vital y social. Era la España en minifalda que se había quitado la mantilla. Muchos años más tarde, María Dolores de Cospedal volvería a colocársela (la mantilla).

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2. Braulio, el hombre que cantó después de que muriera Franco

En 1975 murió Franco unos meses después de que Sergio y Estíbaliz cantaran en Eurovisión (sin intención alguna) Tu volverás. Consumado el hecho biológico que puso a España en el camino de la democracia mandamos a Eurovisión a Basilio, un cantante bastante gris con voz un poco a lo Nino Bravo pero menos. Basilio no triunfó en Eurovisión pero anticipó lo que venía: la España de la UCD. Gris marengo frente a la España en colores que soñaba la progresía, la gente del PCE y del PSOE. Pues no. España salió de la dictadura y escogió escuchar una baladita de Braulio y votar a Suárez y no emprender aventuras raras. De rupturismo ni hablar. 

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3. De Lucía a Remedios Amaya: dos formas de perder cuando ganó el PSOE

En 1982 compitió en Eurovisión la cantante Lucía con una letra que no hubiese pasado la censura en otros tiempos. La canción se titulaba Él y comenzaba así: "Ven, tengo libre de ocho a diez,/ nos podemos divertir/ y tomarnos una copa./ Él/ es igual que un perro fiel/ pero te prefiero a tí/ aunque digan que estoy loca". Resumiendo: la historia de una mujer que ejercía la libertad sexual. Así. Sin anestesia. España había cambiado y Felipe González estaba a punto de ganar las elecciones y ganarse un puesto en Gas Natural pasados los años. Una vez en octubre el PSOE arrasase en las urnas, se envió a Eurovisión a Remedios Amaya y los europeos demostraron no tener la más mínima idea de música. Remedios Amaya iba con una estupenda canción, hizo una actuación magnífica y no recibió un solo voto. Ganó una señora de Luxemburgo de cuyo nombre nadie se acuerda.

4. Y la Movida llegó a Eurovisión

Bueno, sí, la canción era bastante convencional pero las pintas eran las de cierta gente de la Movida. Patricia Kraus quedó en un digno noveno puesto con No estás solo. España era destino de modernos de toda Europa, que acudían al Rock Ola a ver si por allí estaba Andy Warhol y... Ok, nada de eso ocurrió pero en el Penta se servía cerveza muy fría que inspiró La chica de ayer. Algo es algo. Sucedió (lo de Patricia Kraus) en 1987. Y, sí, era (y es) la hija del gran Alfredo Kraus.

5. Rumbita para Aznar

Un mes y pico después de que Aznar se instalase en la Moncloa, allá por 1997, Antonio Carbonell se fue a Eurovisión a cantar una especie de rumba pop. Se titulaba Ay, qué deseo y reflejaba, sí, una España que decidió hacerse de derechas e irse a tomar una copa al Cardamomo, ahí en Huertas. Con la rumba lo llevamos intentando en Eurovisión desde Peret pero nada. Llegará nuestra hora. Después, a lo largo del aznarato, vendrían Marcos Llunas, Mikel Herzog, Serafín Zubiri, David Civera y (of course) Rosa López, entre otras y otros. Estábamos de fiesta, nos hipotecábamos y daba igual todo.

6. 2004, el año del caos

El 11 de marzo de 2004 vivió España el peor atentado de su historia. Tras una infame ceremonia de la confusión acerca de la autoría de la masacre, Zapatero ganó las elecciones. En mayo teníamos a Ramón (un triunfito de efímero éxito) concursando. Su canción era mala, él carecía de carisma y todo reflejaba la confusión con la que España abría una nueva etapa. Regresaba el PSOE al poder y la crisis era algo que nunca iba a suceder. ¿Por qué no te compras un piso ya, hijo? preguntaban padres y madres. 

7. El 15-M y Lucía Pérez

Una de las consignas del 15-M fue "que no nos representan". Pues eso. Lucía Pérez nos representó en Eurovisión pero no representaba a nadie en España. No era reflejo de nada salvo de un establishment musical empeñado en enviar mecanismos defectuosos al certamen europeo de la canción. Aquel 2011 no le hicimos mucho caso a Eurovisión porque nos hicieron un ERE y tuvimos que pagar la hipoteca con los ahorros del abuelo,

8. Ruth Lorenzo y la irrupción de Podemos

E irrumpió la nueva política (con cinco escaños sorpresa por parte de Podemos en las europeas de 2014) y Eurovisión siguió a lo suyo. Ruth Lorenzo no fue el Pablo Iglesias de Eurovisión sino el continuismo. Tampco Edurne en 2015. De momento, la España pluripartidista no ha dado su artista eurovisivo renovador. ¿O lo es Manel? Bueno, su estilo pop con aspiraciones surferas rompe con el estilo Eurovisión. Con lo cual lo más probable es que se estrelle. Tiempos nuevos, tiempos salvajes. En la próxima edición tal vez haya que enviar a Los Chikos del Maíz.

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DANIEL SERRANO

Fotos: Cordon Press

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En concreto, el nombre de su descubrimiento

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En medio del ruído y la furia hay también buenas noticias. Pequeñas ventanas por las que se cuela la esperanza. Anabel Alonso es dada a la pelea contra el extremismo de derechas y los troles intolerantes a través de su perfil de Twitter. Pero esta vez la actriz ha preferido darnos una buena noticia. Una victoria del ecologismo (y del sentido común) sobre los intereses del ladrillo y el turismo depredador. Valdevaqueros, en Tarifa, se salva. No será urbanizada. El Tribunal Supremo ha dictado sentencia al respecto.

Y Anabel Alonso lo tuitea feliz.

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