Estamos viendo Gigantes en Movistar y la verdad es que mola mucho

Si hay un director con un universo propio y una estética reconocible para el público más atento, ese es Enrique Urbizu. Piezas de culto son La caja 507 y No habrá paz para los malvados y ahora Gigantes completa su trayectoria y continúa recorriendo los senderos de la violencia y la marginalidad. Porque eso es lo que interesa a Urbizu: los mecanismos de lo delincuencial, la ausencia de límites a la hora de lograr objetivos, la imposible redención de los malvados y, a la vez, el castigo que acecha a esos malos que acechan en las tinieblas.

La familia Guerrero (padre, hijos, esposas) es protagonista en Gigantes. Una familia de traficantes incrustada en el madrileño barrio de Latina, en pleno Rastro, justo al lado de la estatua de Cascorro, una familia en permamente combate, contra los gitanos y contra ellos mismos, una familia en la que la violencia es el lenguaje principal.

Abraham es el patriarca. Abraham es un José Coronado mefistotélico y despiadado, magnífico como cada vez que trabaja con Enrique Urbizu, desmesuradamente monstruoso.

Da miedo y resulta, tal vez, excesivo pero da igual porque muchos elementos son excesivos en este thriller que no pretende exactamente tender al realismo sino a una estilización que entronca con El Padrino o Uno de los nuestros o, si nos ponemos estupendos, con The Wire cuando retrata los suburbios de Baltimore. Pero aquí son suburbios inventados o más bien subterráneos, existentes pero más allá de la superficie, suburbios en pleno centro de la ciudad o en descampados manchegos o en almacenes de chamarilería.

La extraordinaria luz de Gigantes

Y luego están los detalles técnicos. Qué bien fotografiada está la serie, qué estupenda selección de localizaciones, qué dirección de arte tan perfecta. Olvídense de El Príncipe y su narración detenida en torno a una misma plaza de Melilla como si fuera el decorado de Manos a la obra. Esto es una producción de altura, dirigida con vigor y con unas interpretaciones en las que cada uno de los y las intérpretes están en su sitio justo.

guerreros

Atención, por cierto, a los personajes femeninos. Tienen una fuerza tremenda y alguno de ellos se merecería (aún) más protagonismo.

El caso es que Gigantes es una buena noticia para las series porque así nos resarcimos del fiasco de La peste y podemos eludir Élite en Netflix y reivindicar (ahora de verdad) que la ficción española ha dado el verdadero salto en la tele.

(Y ahora seguiremos viendo Gigantes no vaya a ser que se estropee a partir del tercer capítulo y tengamos que desdecirnos. Dios no lo quiera).

DANIEL SERRANO

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