¿Es reivindicable La Oreja de Van Gogh?

Una cosa es pontificar sobre la modernidad manifiesta del trap en su formato antimachista o plantear como nueva vanguardia la cumbia villera a la salida de un concierto de La Bien Querida y otra muy distinta tener el valor de reivindicar a La Oreja de Van Gogh ante una audiencia indie y musicalmente entendida.

Eso puede costar a una persona humana el ostracismo hipster con correspondiente destierro de Malasaña y la sala Razzmatazz.

Y, sin embargo, La Oreja de Van Gogh fueron (y son) fabuloso pop hecho de hermosas melodías y azúcar adolescente en los textos.

O sea, sí. Son reivindicables. Con o sin Amaia Montero.

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La potencia del estribillo de Dile al sol resulta apabullante ("eeeel cielo acostado/detuvo el tiempo en el beso/y ese beso a mí en el tiempo") igual que la energía dramática de París (con esas bajadas y subidas tan vanghogianas) y la luminosidad de Cuídate con cita incluída a La Buena Vida.

Por no hablar de los títulos de los álbumes de La Oreja de Van Gogh, evocadores de todos los sinsabores y placeres del instituto y primeros años de universidad: El 28 (la línea de bus que lleva a la facul de Donosti), Lo que te conté mientras te hacías la dormidaEl viaje de Copperpot (alusión a un personaje de Los Goonies), A las cinco en el Astoria..

Porque La Oreja de Van Gogh es un grupo que huele a verso escrito en el cartón amarillo de las carpetas escolares.

Por obra y gracia de Pablo Benegas y Xabi San Martín, compositores principales de una banda que se ha atrevido públicamente a defender el legado de José Luis Perales. Antes de que Elefantes destrozara la magnífica Te quiero del de Cuenca.

Esas letras, por el amor de Belcebú

Y luego está la falta de pudor en las letras de sus canciones, poemas púberes con versos como (atención):

"Te voy a escribir la canción más bonita del mundo".

O bien:

"Tenemos el récord del mundo en querernos"

Otra más:

"Nos conocimos al tiempo/ tú, el mar y el cielo".

Y corramos un tupido velo sobre lo de "como dijo aquel genio/esta vida es un sueño".

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Aunque, bromas aparte, a veces, la simplicidad en lo sentimental de los textos acierta de pleno y nos emociona porque todos somos simples al enamorarnos. Como cuando oímos a Amaia cantar: "Me pregunté qué sería sin tí el resto del mi vida". Una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez en la madrugada saliendo de un bar. Y nos emociona esa frase igual que el teclado que hay detrás cuando se oye "el cielo acostado/ detuvo el tiempo el beso/ y ese beso a mí en el tiempo". Puro pop.

Amaia fue la voz primigenia y resulta complicado olvidar su carisma desaforado, el misterio de sus notas desafinadas en algún concierto, todas las veces que fue número uno de Los 40. Estuvo, incluso, en el filo del universo celebrity aunque luego volvió a la música y siguió con su carrera.

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Sea como sea, ahora está Leire cantando las inmensas canciones de La Oreja de Van Gogh, que elevan un cierto grado de cursilería a la majestuosidad de las grandes piezas del pop. Como algunas canciones (sí) de Julio Iglesias y del mencionado José Luis Perales. Como cuando Álex Ubago y Amaia Montero cantaron Me muero por conocerte y nos quedamos pegados a la silla escuchándolos. La canción se titulaba Sin miedo a nada pero nos entendemos.

Así que concluyamos: La Oreja de Van Gogh son gran historia del pop español y veremos a los indies de turno versionando sus piezas tarde o temprano. Y, entonces, nos tomaremos la revancha y soltaremos el inevitable: YA OS LO DIJE.

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DANIEL SERRANO

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