Enrique y Ana: una meditación retrospectiva

Fueron el dúo de música infantil más influyente de las décadas de los 70 y los 80 en España y sus canciones han quedado en el disco duro de varias generaciones. Tales temazos, escuchados a día de hoy y desde una perspectiva adulta, tienden a la bajona existencial: de Co Co Ua Ua (una historia de marginación en el gallinero) a Amigo Félix (réquiem lacrimógeno por el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, fallecido en accidente de helicóptero).

También es cierto que Enrique y Ana tenían otras temáticas más distendidas e incluso se aproximaron al punk con su Caca Culo Pedo Pis.

Lo que más gustó a niñas y niños de aquella E.G.B. que no volverá fue su Disco Chino.

¿Por qué ya no se vende tal artefacto?

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Dice la Wikipedia que cuando se formaron como grupo musical tenía Ana (de apellidos Anguita Shivers) 8 años y Enrique (de apellido Del Pozo) en torno a veinte. Y fue un no parar de éxitos porque salían en la televisión pública todo el rato y así cualquiera. Corría el año 1977 cuando echaron a andar y se disolvieron en 1983. Hicieron una película tan marciana como maravillosa para degustadores de cosas raras: Las aventuras de Enrique y Ana.

Cantaron Enrique y Ana La Yenka, Baila con el hula-hop, Charlestón y sintonías televisivas tan célebres como Orzowei, que luego versionaría (pasados los años) el mismísimo Javier Álvarez.

Y cuando se acabó el pastel se puso Ana a estudiar Informática y se sumió en el anonimato hasta hoy mientras que Enrique del Pozo subsistió en una fama de discos en solitario, noches locas y Movida madrileña junto a Imanol Arias, Cristina Higueras o Ana Obregón, como puede verse en la foto.

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Enrique del Pozo (ojo al dato) sacó 16 discos en solitario pero luego todo el mundo le preguntaba por Co Co Ua Ua, que ni siquiera se escribe así la canción pero bueno.

O sea, que como cantante tuvo un éxito limitado aunque sí se convirtió en una estrella de la constelación Crónicas marcianas y luego fue de programa en programa hasta que perdimos su rastro. También obtuvo una portada de Interviú exhibiendo su poderío. La última foto que hallamos de él en nuestro archivo es una con Cristina Rapado, quien fue concursante de Gran Hermano o similar.

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El tiempo pasa pero ahí quedan las canciones de Enrique y Ana, que son memoria sentimental en España y en América Latina, donde se vendieron millones de discos de aquel dúo.

No me digan que no dan ganas de llorar esta historia con gallina maltratada por el resto de sus congéneres. En fin. El caso es que, de vez en cuando, meditamos sobre cómo fue aquella infancia de los años 70 y 80 y, la verdad, tampoco estuvo tan mal porque en la televisión salían dúos musicales como Enrique y Ana. Ahora, como mucho, te encuentras a Enrique en Sálvame siendo interrogado por sus preferencias sexuales. Y no es lo mismo.

ADEMÁS: Cine erótico con esvásticas o cómo todo era posible en los 70

Fotos: Gtres

 

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Tal vez ya lo hayas visto. Si no, merece la pena que eches un vistazo más abajo. Cámara que apunta al público durante una retransmisión deportiva y una parejita que se hace un selfie sonriente para luego congelar su sonrisa y mostrar unos rostros de aburrimiento absolutamente fulminantes. El selfie seguramente daba a entender que se lo estaban pasando muy bien. La secuencia captada por la cámara exhibe un aburrimiento atómico.

Es hilarante.

Eso también.

Y que viva Twitter y su viralidad.

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Los medios de comunicación se llenan, en estos días, de opiniones a favor y en contra del acuerdo de Gobierno alcanzado entre PSOE y Unidas Podemos pero hay a quien le falta el parecer de una pieza fundamental en esta historia: el de la clase trabajadora.

Lo dice Quique Peinado, colaborador de Zapeando (laSexta), asegurando a través de las redes sociales que, quizá, "molaría que los medios de comunicación diesen algún titular sobre si inquieta a la clase trabajadora el posible nuevo gobierno".

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Qué cosas tiene la convulsa actualidad. Las movilizaciones en Cataluña se cruzan con una celebridad chanante de nuestro ruedo ibérico. O sea, el Pequeño Nicolás (de profesión, sus cosas). Ha ido a Barcelona y en la estación de Sants se ha topado con los CDR y se ha liado un poquito.

Algún empujón, algún insulto y el Pequeño Nicolás de inmediato llamando a las televisiones para contar su caso.

Decían en los 60 que la revolución no sería televisada y nos da la impresión de que se equivocaron.

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