La historia de Enrique de Vicente, verdadera estrella de Cuarto Milenio

Los días en que Enrique de Vicente se ausenta de Cuarto Milenio el programa se queda en nada. Es así. No pueden negarse el carisma de Iker Jiménez ni la campechanía de Carmen Porter pero como don Enrique nadie para creerse todos los cuentos de fantasmas, conspiraciones y leyendas urbanas que se le pongan por delante.

La gente en Twitter le adora e, incluso, han surgido los #DeVicenters, que son como los fans de Justin Bieber o Miley Cyrus adaptados al mundo del ocultismo y con el veterano periodista como líder espiritual.

Ahora que Cuarto Milenio cumple 500 programas hay que rendir homenaje a este viejo lobo de mar que lleva toda una vida entregado a la parapsicología, los ovnis y las casas embrujadas.

Porque a Enrique de Vicente (basta echar un vistazo a las redes sociales) se le quiere.

Pero ¿quién es Enrique de Vicente?

Estamos hablando de un español de Aranda de Duero, provincia de Burgos nacido en 1950. Tiene, por tanto, 66 años y el aspecto de un señor de 66 años con algo de mad doctor y algo de bibliotecario en un viejo monasterio.

Fundó la revista Año Cero y es vicepresidente de la Sociedad Española de Parapsicología.

En su perfil de Twitter se define como "eterno buscador y luchador".

Por ahí circula una fotografía de juventud con flores en el pelo a lo The Mamas & The Papas que, según algunos, es prueba de su pasado hippy.

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La foto se incluye en una entrada del blog planetabenitez en la que atribuye JJ Benítez (otro maestro de lo oculto -remember Caballo de Troya en sus tropecientas partes-) que relata un confuso episodio de enfrentamientos entre facciones de la parapsicología o algo así. Muy difícil de desentrañar. La foto de don Enrique, eso sí, merece la pena.

El hombre que se sabe todas las conspiraciones

Lo que los fans de Enrique de Vicente aman del personaje es un extraordinaria capacidad para creerse todas las conspiraciones habidas y por haber.

Sí.

Enrique de Vicente es el hombre de las conspiraciones.

Y a él los científicos no le dan lecciones ni en el plató ni en ninguna parte. Porque él profesa una fe indestructible en lo oculto.

Además, Enrique de Vicente es pasional cuando discute y, a veces, los razonamientos puramente lógicos le sacan de quicio.

Porque el más allá tiene sus reglas y él se las sabe todas.

Escribía el novelista Javier Pérez Andújar en su Diccionario enciclopédico de la vieja escuela que la diferencia entre el pionero Jiménez del Oso e Iker Jiménez estaba en que el primero no se creía nada y el segundo se lo cree todo.

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Pues Enrique de Vicente más todavía. Su credulidad no tiene límites.

Y eso lo convierte en el mejor contertulio de Cuarto milenio, alguien a quien no se puede convencer, el último mohicano de los OVNIS y la chica de la curva.

Larga vida a Enrique de Vicente.

DANIEL SERRANO

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