Empate entre Pablo Motos y Santiago Abascal

Y al final, la entrevista más polémica del año fue lo que todos esperaban pero con matices. 

Pablo Motos y Santiago Abascal afrontaron la entrevista en 'El Hormiguero' de dos formas muy distintas. 

Por un lado, el presidente de Vox hizo lo que se esperaba de él. Es decir, soltar su discurso político, su propaganda conservadora e intentar adornarla con una pátina de progreso que solo compraron sus acólitos. 

Por otro lado, Pablo Motos sabía que estaba en el ojo del huracán. Le habían acusado, de forma preventiva, de blanquear el fascismo y quizás por eso mismo, se destapó con una entrevista mucho más incisiva de lo esperado. Sin llegar a los niveles de agresividad que tuvo con Pablo Iglesias, hay que reconocerle momentos periodísticos de altura, en los que impidió que Santiago Abascal se saliera por la tangente. 

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Al final, empate técnico entre Motos y Abascal que deja contentos a ambos. El presentador ha visto reforzada su imagen, ha conseguido la entrevista del año y, a la espera de que llegue, va a colar este programa entre lo más visto del año.

Mientras, Santiago Abascal ha podido dar el mitin más exitoso de la historia de Vox, ante más de dos millones de españoles. Lo dicho, todos contentos. Al final, es lo que buscaba esta entrevista. 

De hecho, el inicio del programa sí que fue por los cauces esperados. Pablo Motos dando un palo al PSOE y a Pedro Sánchez por ser el único candidato que rechaza acudir a 'El Hormiguero'. El fallo que tuvo el presentador en esta andanada contra Sánchez, fue decir que invitar a otra persona que no fuera el candidato, sería faltar al respeto al resto de candidatos. Eso no pasó con Soraya Sáenz de Santamaría. 

Pero dejando de lado cuitas personales, Pablo Motos tenía claro desde un principio que su paso por 'El Hormiguero' no iba a ser un paseo para Santiago Abascal. De hecho, no le presentó diciendo que iba a divertirse, sino "hoy ha venido a El Hormiguero". Un detalle mínimo que daba pistas sobre lo que estaba por venir. 

Y lo que vino fue un Santiago Abascal confiado, telegénico y demasiado pagado de sí mismo que comenzó dando regalos (Paracetamol y aceite) y clases de historia demasiado sesgadas. Y es que resultó curioso que recordara todo el pasado del PSOE, incluso lo ocurrido en los años 20, pero no quisiera hablar de Las 13 Rosas por desconocer el asunto. 

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Quedaba claro que Santiago Abascal había ido a hablar de su libro, pero aún no lo estaba tanto que Pablo Motos le fuera a facilitar el asunto. Y no lo hizo. 

Durante toda la entrevista, el presentador le fue cuestionando por temas polémicos que ayudaron a quitar la careta que pretendía llevar Abascal todo el programa. 

¿Franco? Una figura histórica cuya exhumación es una treta del Gobierno para derrocar a Felipe VI, a una Guerra Civil y a tirar la cruz del Valle de los Caídos. No es broma. Lo ha dicho. 

¿Cataluña? 155, intervención, detenciones y mano dura. Pero ojo, todo para mejorar las relaciones con la región a medio/largo plazo. 

¿Armas en casa? Por supuesto. Para defenderse de los intrusos. 

¿Cambio climático? Sí pero no. A quién le importa que el planeta colapse mientras haya progres con ideas propias en España. 

¿LGTBI? Sin problema. Es más, "la única vez que he pegado a alguien en mi vida, fue en el colegio por defender a un homosexual". Hay historia que emocionan. 

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¿Aborto? No es no. Ni de broma. Y aquí es donde Pablo Motos ha sentado la pica de Flandes que le ha permitido crecer en la entrevista. El presentador ha insistido hasta en cinco ocasiones sobre la Ley de Plazos, los casos de abusos o los embarazos no deseados. Al final, Santiago Abascal ha claudicado: el aborto sería ilegal, se castigaría a los médicos que lo practiquen y está por ver qué pasa con las mujeres. 

¿Eutanasia? Nunca. Y de nuevo, un Pablo Motos colosal, recurriendo a la historia de su propio padre y su agonía previa al fallecimiento. El presentador ha echado en cara a su invitado que se centren demasiado en "cigotos y últimos días", cuando lo que interesa de la vida es justo lo que está en medio, ha asegurado. Al final, ni por caridad cristiana ofrecerían eutanasia si gobernara Vox. 

A esas alturas de entrevista, Santiago Abascal estaba visiblemente más incómodo que al principio, incluso tiró alguna pullita a Pablo Motos sobre la dureza de algunas cuestiones. 

De hecho, el momento despedida ha sido un manual de incomodidad. Del abrazo inicial se ha pasado a un apretón de manos cordial y, de ahí, a que los dos implicados bajen del escenario sin mirarse, sin hablarse y sin rozarse. Sintomático. 

Fotos: Atresmedia 

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