'El Palmar de Troya' o la realidad como tragicomedia religiosa

Que la realidad supera a la ficción es un tópico absolutamente incontrovertible y, de hecho, a la hora de escribir una novela o el guión de una película o serie, hay elementos de la vida real que jamás encajan. Porque resultan disparatados, rarísimos, demenciales. Y ahí está El Palmar de Troya, sobre la secta integrista que surgió en 1968 en la estepa sevillana y tendió hacia lo bufo, lo tragicómico y lo aterrador, según el momento y quien haga el relato.

El Palmar de Troya es un documental de Movistar de lo más interesante. Convencional, si se quiere, pero efectivo y, desde luego, con capacidad para enganchar al espectador o espectadora.

Todo empieza con tres niñas que tienen una visión en un páramo desierto de la Andalucía profunda: ven un ahorcado, un toro con los cuernos azules y una señora muy guapa que (deducen) es la Virgen. Lo de la Virgen resulta lo que más interesa a todo el mundo. Ni el ahorcado ni el toro de cuernos azules vuelven a aparecerse a la legión de videntes que acuden para instaurar un culto casi herético, al margen de la oficialidad eclesiástica.

En El Palmar de Troya se escucha la voz de uno de esos videntes a quien un buen (o mal) día desplazan y hasta expulsan un par de hábiles advenedizos: Manuel y Clemente. Uno de los dos llegará a Papa. Habla también un pintor belga cuyo arrebato místico le llevó a peregrinar a todo lugar de peregrinación en los 60 del pretérito siglo XX y que acabó de obispo en El Palmar de Troya. Su fe es de piedra berroqueña. Se lo cree todo.

Veremos cómo avanza esta serie documental pero, de momento, ha empezado bien. Tiene ritmo, se usan bien las imágenes de archivo y los personajes poseen la potencia adecuada o saben de lo que hablan y logran narrar con exactitud aquellos acontecimientos marianos que se mezclaron con los hálitos contrarreformistas de monseñor Lefevre y otras facciones de la Iglesia más ultramontana.

La historia reciente de España está llena de episodios dignos de ser contados pormenorizadamente. Los hechos ocurridos en El Palmar de Troya han sido tratados en diversos reportajes, libros y charletas de Cuarto Milenio. Faltaba la serie documental. Y la serie documental está bien. Muy bien. Ya iremos contando más.

DANIEL SERRANO

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Debía haberse estrenado en mayo

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Llegó el día. 

El Ministerio del Tiempo terminó y lo hizo con su esperada, aplaudida y redonda cuarta temporada. 

Javier Olivares y compañía han regalado al mundo una de las mejores series españolas de la historia. Y eso es mucho decir. 

Ahora, más allá de la calidad de la serie, de sus actuaciones, de sus guiños históricos y de sus tramas, el último capítulo de El Ministerio del Tiempo, titulado Días del futuro pasado, nos ha dejado una advertencia: Bertín Osborne, presidente de España en 2028. 

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