El glorioso troleo que Rubén Ochandiano ha asumido con deportividad

Rubén Ochandiano ha sido, desde que saltó a la fama, uno de esos actores que sabe lo que quiere. 

Y ahora mismo, Rubén Ochandiano, como toda persona de bien, por otro lado, lo que quiere es que no trates de hacerte el guay con él usando un determinado tipo de expresiones

"Que no intentes compadrear conmigo llamándome "macho". Ni "crack". Ni "brother". QUE NO"

Así lo ha hecho saber a través de Twitter, poniendo tres ejemplos de expresiones que recuerdan a tiempos pretéritos en los que se cambiaba el "macho", "crack" o el "brother", por el "campeón", "figura" o "máquina". 

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Coletillas y expresiones rancias, sobradas y que huelen a Soberano y puro habano que tiran de espaldas. 

Ahora, por si alguien lo ha olvidado, esto es Twitter y aquí se viene a jugar. Sobre todo, si la petición, como es el caso de la de Rubén Ochandiano, es seria y legítima. 

¿Qué han hecho los tuiteros al leer su mensaje? Lo obvio: trolearle. 

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Con casi medio centenar de comentarios al tuit, la mayoría de ellos han sido interacciones en las que se han usado sinónimos de estas expresiones cuñadas que tando odia el actor. 

Dicho lo cual, Rubén Ochandiano ha asumido el troleo con deportividad y se ha reído con los tuiteros. No queda otra. Luchar contra Twitter, es luchar contra los elementos. Y ni siquiera ellos podrían con un tuitero ofendido. 

Fotos: Gtres

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Cuando vuelva el cine y el teatro habrá que adaptarse a nuevos usos en tiempos de pandemia durmiente y dejar que corra el aire. O tal vez (al paso que vamos y tal y como hemos tomado al asalto las terrazas en las ciudades, como si aquí no hubiera pasado nada) volveremos a amontonarnos en las salas y a tosernos en las palomitas unas a otros y otros a una. Esperemos que esto último sí que no. Sea como fuere, ya hay teatros y cines que están tomando medidas. Tendrán que abrir con su aforo limitado y normas de separación.

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Se han recrudecido las caceroladas en la calle Núñez de Balboa, sita en el madrileño barrio de Salamanca y epicentro cosmológico para una burguesía que Manuel Longares en su magnífica novela Romanticismo calificaba de "improductiva". Burguesía improductiva quizás pero con ganas de montar bronca debido a que un virus ha matado a muchos españoles y resulta que la culpa es de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. El razonamiento puede que parezca de lo más churrigueresco pero si preguntan a su cuñado (o a Pablo Motos) seguro que se lo explica bien.

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