Cuando la clase obrera existía en las películas de Hollywood

Aquellos maravillosos 80. Más allá del obvio subtexto heteropatriarcal que contiene el cine de aquella década de reaganismo y codicia se da un curioso fenómeno: en el cine hollywoodiense de finales de los 70 y los años 80 se visibiliza una clase obrera cuyos héroes y heroínas eran protagonistas. Luego vendrían los yuppies y todo fue American Psycho si había suerte y si no, comedias románticas con brokers enamorados.

¿De qué películas con working class hero hablamos?

Hay muchas.

Podríamos empezar con Rocky, que en 1976 hace ascender al estrellato a un Sylvester Stallone convertido en rostro del proletariado italoamericano que en Filadelfia resistía las primeras crisis del poscapitalismo y que luego, años después, votaría en masa a Donald Trump.

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Proletariado al cual pertenece también Tony Manero, el personaje principal de Fiebre de sábado noche o la película que inventó en concepto de discoteca en el mundo entero. Sí, Travolta es un chaval de barrio que se evade de las malas calles bailando bajo la luz estroboscópica a ritmo de los Bee Gees. Es italoamericano (como Rocky, como tantos obreros de las grandes urbes estadounidenses) y su máxima aspiración es pasarlo bien los fines de semana. 

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Fiebre del sábado noche tiene una lectura cuasimarxista y en clave de alienación clasista aunque no tanto como Norma Rae (1979), reivindicación de un sindicalismo a la americana liderado por una Sally Field en lo más alto de su trayectoria.

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Menos reivindicativa y más contenta con su lugar en el escalafón social se muestra la protagonista de Flashdance, diestra en el uso del soldador en la industria del acero de Pittsburgh, en Pensilvania. Una bellísima y estupenda Jennifer Beals se convirtió en astro fulgurante gracias a una película de Adryan Line tirando a mala pero a la que el paso del tiempo (sí) le ha sentado bien. Lo que ayer era hortera hoy es hermoso en su condición de estética retro. 

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Comedia juvenil y lucha de clases

Pero hubo más, mucho más. Como, por ejemplo, el modo en que John Hughes introduce la lucha de clases en películas como La chica de rosa, con príncipe azul high class al que da una buena lección la chica proletaria cuyo padre es un parado con tendencias alcohólicas e impenitente cigarrillo entre los labios. Eran los 80 pero todavía no nos habíamos vuelto idiotas del todo y se consideraba que los adolescentes podían ver en el cine personajes con una cierta aproximación a la realidad, con sus debilidades, miedos y fracasos a cuestas. Aunque fuera para (al final) reinventar el cuento de hadas con final feliz.

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Y luego está ya otro tipo de cine donde las clases populares son protagonistas y hemos de recomendar vivamente a los millennials que vean Novecento, donde Bertolucci retrató al campesinado que sufrió y combatió al fascismo y se hizo heróico con el PCI para luego, en fin, acabar entregando Italia a Berlusconi. Así es la vida.

Bueno, vale, Bertolucci no es Hollywood pero, puestos, tal vez resulte más conveniente revisar su obra que la de Stallone aunque Acorralado también tiene algo de cine proletario para la era del reaganismo. Rambo, al principio, no era tan facha sino sólo un desarraigado a su regreso de Vietnam que vive los años 80 sin destino. Luego todo cambió y se puso a matar rojos y las heroínas vistieron de Prada y la clase obrera no fue al paraíso.

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DANIEL SERRANO

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Que Arnold Schwarzenegger y Donald Trump se detestan mutuamente no es algo nuevo. Que Arnie es un tipo decente tampoco. Fue gobernador de California por el Partido Republicano pero durante su mandato demostró amplitud de miras y progresismo de la vieja escuela. Nada que ver con la derecha locoide que representa el actual presidente de Estados Unidos. Nada que ver con la derecha locoide que se extiende a lo largo y ancho del planeta, de Bolsonaro a Salvini pasando por Santiago Abascal (el amigo de los niños en El Hormiguero).

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A veces hallamos en Twitter comparaciones interesantes aunque la frase hecha las califique de odiosas. Lo de las edades da para comparar y, a veces, con muy mala uva. Siempre pretendemos una eterna juventud que tampoco tiene porque ser obligatoria. Envejecer no es delito, caramba.

Bueno.

Sea como fuere, el caso es que hallamos en la red social del pajarito azul un tuit llamativo y aquí lo compartimos porque nos ha gustado.

Vean cuatro estrellas de Hollywood a los 43 y lo divergente del aspecto de cada uno de ellos.

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Ser macarra tuvo su glamour y existió una constelacion de estrellas del cine quinqui cuya fugacidad resultó obligada por el consumo de heroína y su extinción en un brevísimo plazo de tiempo. Pocos de quienes nutrieron la quinta del Torete sobrevivieron a su celebridad.

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