Alan Rudolph, Bagdad Café y otros recuerdos de un joven cinéfilo de los 80

Entonces los cines Golem de la madrileña calle Martín de los Heros se llamaban Alphaville y eran las únicas salas donde ver películas en versión original subtitulada. A excepción de los pases de una itinerante Filmoteca Española que iba recalando en pequeñas salas como el cine Alexandra o los bajos de la Torre de Madrid, en cuya penumbra me asombré con Novecento de Bernardo Bertolucci, a cuya mitad salías a fumar a la calle.

El caso es que los 80 no se resumen en Stranger Things y su inspiración adolescente en los blockbusters de la época firmados por Steven Spielberg, Joe Dante o Robert Zemeckis. O sea, E.T., Gremlins, Regreso al futuro. O Los Goonies.

Yo fui un cinéfilo adolescente a finales de los 80 del pretérito siglo XX e iba a los Alphaville a ver las películas de Alan Rudolph, que era el director de moda. Tan de moda que cuando Joaquín Sabina abrió un bar en Madrid le puso Elígeme como nombre porque Elígeme era una película de Alan Rudolph muy nocturna, moderna y llena de neones. 

Aquellos maravillosos años. Los Alphaville tenían sesión golfa (a eso de las 00:30) y un bar de copas en el que aguardar a que comenzase tu peli. De Alan Rudolph recuerdo Los modernos y también que en muchas de sus obras salían Geneviève Bujold y Keith Carradine, intérpretes muy en la onda durante la década de los 80 y luego un poco perdidos en el universo fílmico.

¿Te acuerdas de ella?

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¿Te acuerdas de él?

carradine,-keith

Éramos cinéfilos y nos gustaba muchísimo Win Wenders: fuera El amigo americano (estrenada en los 70 pero a disposición del público de los 80 en la mencionada sesión golfa) o Cielo sobre Berlín, exitazo para culturetas allá por 1987. El mismo año en que se estrenó Bagdad Cafe, comedia rara dirigida por un alemán llamado Percy Adlon y protagonizada por la fabulosa Marianne Sägebrecht, actriz que también se convirtió en una estrella para el público cinéfilo y militante de la autoría cinematográfica.

bagdad-cafe

Sí, el de la cinta en la cabeza es el mítico Jack Palance. Y de Bagdad Café lo que fue un exitazo absoluto y todavía ponen en Kiss FM alguna noche fue I'm Calling You, su canción principal.

Esa luz de los años 80, los neones de Corazonada (el gran fracaso de Coppola) y de Calles de fuego (película de aventuras con Michael Paré y Diane Lane.

Y el descubrimiento deslumbrante de Gonzalo Suárez con Remando al viento, un director español que parecía de otro país, tan intelectual como para hacer una película de Lord Byron y el poeta Shelley y que en esa película estuvieran Hugh Grant y Liz Hurley exhibiendo una insultante juventud.

remando-al-viento

A Hugh Grant también le disfrutamos en Maurice de James Ivory, un director que nos gustaba mucho cuando adaptaba a E.M.Foster, como fue el caso de Una habitación con vistas, con Helena Bonham-Carter paseando por Florencia con música de Puccini. 

Aquellos maravillosos años. Cuando nos heló la sangre Henry, retrato de un asesino  y nos deleitamos con el blanco y negro de Extraños en el paraíso de Jim Jarmusch y, después de Cabeza borradora y El hombre elefante, descubrimos la genialidad de David Lynch en Terciopelo azul, con Dennis Hooper cantando baladas de Roy Orbison. In dreams. Cuánto cine. Éramos cinéfilos y luego, a lo mejor, nos pasábamos por el Carbones a tomar algo, cuando el Carbones era el mejor bar de Huertas y te encontrabas allí a Coque Malla y Marta Sánchez departiendo juntos, y un poco más abajo estaba Javier Bardem (los jueves) en Torero bailando a todo bailar. Recuerdos de cine y noche. Cómo nos gusta recordar. Disculpen las molestias.

DANIEL SERRANO

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Fotos: Gtres

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