9 escenas terroríficas de Stephen King que siguen causando traumas

Está claro. El cine de terror no se entiende sin la inquietante presencia de Stephen King. El escritor se ha convertido en un referente para Hollywood, donde han llevado a cine o televisión hasta 70 de sus obras. 

Ya sea con mayor o menor acierto, la huella que ha dejado Stephen King en la Meca del Cine es tremenda. Una huella que también ha quedado en corazones, cabezas y recuerdos de varias generaciones. Y es que no son pocas las escenas, inspiradas en sus obras, que han traumatizado a millones de personas.

Nosotros nos hemos quedado con 10, y nos ha costado. Habrá que hacer segunda parte pero, de momento, éstas son las escenas que más traumas han creado. 

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¡Hola, Georgie! ¡Adiós, Georgie! (It)

Ha quedado para el recuerdo, y no el bueno, precisamente. No había más que ver a la gente caminar por la calle, evitando las alcantarillas. Pennywise tuvo la culpa de esto y Georgie, un mártir que enseñó al mundo que si ves un payaso en una de ellas, no debes acercarte. Siempre en nuestros corazones, Georgie. 

¡Déjame entrar, porfi! (El Vampiro de Salem's Lot)

Tu amigo, convertido en un vampiro pijito, aparece en tu ventana y te susurra que le dejes entrar. Independientemente de la tensión de la escena, que la tiene, habría que preguntar cuánta gente puso estores tras ver esta escena. 

¿Quieres jugar con nosotras? (El Resplandor)

De ésas que vas tan tranquilo con tu triciclo por un hotel viejuno y creepy, y te encuentras con dos niñas más viejunas y creepy que el hotel. ¿Jugar con vosotras? Ni muerto. Aunque eso tiene solución... 

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El reflejo inesperado (1408)

Vale que no es una escena impactante ni con susto tremendo, pero es inquietante y, por momentos, muy agobiante. Hablamos del momento en que John Cusack pide ayuda a su vecino por la ventana, y éste comienza a imitar sus movimientos como si fuera un espejo. Ahora, el susto final sí es digno de mención...

El mejor enemigo del hombre (Cujo)

¿El mejor amigo del hombre? A veces. Al menos, en esta ocasión, no. El bueno de Cujo pasa de ser una mascota adorable, a un ser infernal. Gracias, Stephen King, por tu culpa nunca tuvimos perro. 

¡Niño malo. No mates! (Cementerio de Mascotas)

Un pequeñajo poseído y controlado por un gato redivivo con un cúter en la mano, ¿qué puede salir mal? Para elevar el nivel de culto de la escena, el peque diabólico corta en la parte de atrás del tobillo a Jud Crandalls, antes de matarle de forma inmisericorde. 

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Señor mayor con 'cookies' (Creepshow)

Apelar a las cucarachas puede parecer un truco fácil. Stephen King lo sabía. Por eso, cuando escribió Creepshow, se aseguró de que éstas aportaran un valor añadido. En concreto, el de salir del interior del cadáver de uno de los protagonistas. Escena tan asquerosa como imprescindible que derivó en dos traumas: quienes no comieron en días o quienes estuvieron días rascándose

¡Mira mamá, sin piernas! (Misery)

Fue en ese momento en el que nos dimos cuenta que Annie Wilkes era un monstruo mucho más allá de la fan trastornada que le presuponíamos. La escena en la que le revienta los tobillos a James Caan (Paul Sheldon) es tan dura como fascinante. Por momentos, confías en que no lo haga pero cuando escuchas crujir el hueso, pierdes toda esperanza. 

¡Aquí está Jack! (El Resplandor)

Escena icónica del cine de terror y de la historia de Hollywood. Lo mejor de todo, es que fue en parte improvisada por un Jack Nicholson cuyo Jack Torrance no se entiende sin el hacha en la mano. 

Fotos y vídeos: iMDb y Youtube

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Sí, ya es Trending Topic. Linda Hamilton formará parte del elenco de la nueva entrega de Terminator que prepara James Cameron y será (again) Sarah Connor, la heroína más dura de Los Ángeles e inmediaciones.

Estamos hablando de Terminator 6 aunque nadie se acuerda de que haya habido Terminator 4 y Terminator 5.

Un lío.

La cuestión es que James Cameron retoma como productor la responsabilidad de esta suerte de franquicia cinematográfica y pone a dirigir a Tim Miller (que triunfó -relativamente- con Deadpool).

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Con muchos estrenos fuertes por llegar...

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Denominaremos cine catalán a aquel que realizan directoras y directores nacidos en Cataluña y que, en la mayoría de los casos, tienen una impronta local de relevancia. Es decir, Barcelona es fundamental en las películas de Cesc Gay y la iconografía mediterráneo-catalana (barretina incluída) resulta básica en la filmografía de Bigas-Luna. Y Verano 1993 retrata (más allá de su universalidad como dibujo de la infancia y el duelo) la Cataluña rural en la que se incrustan habitantes urbanos que huyen de la urbe.

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