7 títulos del cine catalán que hay que ver

Denominaremos cine catalán a aquel que realizan directoras y directores nacidos en Cataluña y que, en la mayoría de los casos, tienen una impronta local de relevancia. Es decir, Barcelona es fundamental en las películas de Cesc Gay y la iconografía mediterráneo-catalana (barretina incluída) resulta básica en la filmografía de Bigas-Luna. Y Verano 1993 retrata (más allá de su universalidad como dibujo de la infancia y el duelo) la Cataluña rural en la que se incrustan habitantes urbanos que huyen de la urbe.

Y recurramos al tópico: no están todos los que son pero son todos los que están.

Repasemos algunos de los mejores títulos que ha dado el cine catalán.

1. Ocaña, retrato intermitente (1978)

Esta biografía de un disparatado, provocador y tierno personaje de las Ramblas de los 70 es uno de los grandes documentales de la Transición. Pero, además, está dirigido por Ventura Pons, autor de una prolífica obra en catalán con títulos como El por qué de las cosas, Animales heridos, Barcelona (un mapa). Es como un Woody Allen de Barcelona: estrena una peli al año puntualmente.

2. La plaça del Diamant (1982)

Se estrenó en cines y fue exitosísima serie de televisión y también el trampolín a la celebridad de Silvia Munt, espléndida Colometa, personaje inmenso de la literatura catalana al que la actriz aportó su propia mirada. Un retrato de la posguerra basado en el clásico de Mercè Rodoreda.

3. La teta y la luna (1994)

Fue Bigas Luna un adorador de su tierra y sus costumbres y también de la abundancia como patrón femenino mediterráneo y del exceso y la falta de pudor sexual como normas artísticas. En La teta y la luna hay castellers, el color del mar y un jovencísimo Miguel Poveda. Retrato de cierta Cataluña ejecutado por un catalán que también dibujó magistralmente el páramo mesetario español en Jamón, jamón. E, incluso, si nos ponemos provocadores, reivindicaremos Yo soy la Juani. ¿O no estaba bien Verónica Echegui? ¿Y la canción de Facto de la Fe y las Flores Azules?

4. En la ciudad (2003)

Uno de los grandes directores contemporáneos del panorama cinematográfico europeo es Cesc Gay.  En la ciudad tiene ese aire de bellísima fotografía generacional con luz de Barcelona. No hay un director de actores como Cesc Gay y, además, aquí sale Eduard Fernández. Toda película que contenga la presencia de Eduard Fernández posee interés.

5. Remake (2006)

Después del exitazo de Smoking Room (dirigida junto a J.D. Wallovits), Roger Gual estrenó esta ficción que relata el reencuentro en una masía de un grupo de hippies de antaño que ya no lo son. Para colmo de dichas y desdichas, esos ex hippies se llevan a dicho reencuentro a sus hijos treintañeros y prematuramente fracasados. Estupenda, amarga y, a la vez, con momentos hilarantes.

6. Tres días con la familia (2009)

Una miniatura delicada y muy bonita que, además, también contiene la presencia de Eduard Fernández (y recuérdese lo que hemos dicho al respecto). Una historia de duelo y de jóvenes que toman el relevo a sus mayores y de generaciones que se cruzan. Simplemente la vida. Mar Coll tiene una mirada muy especial a la hora de dirigir y aquí, en su opera prima, lo demostró sobradamente.

7. Pa negre (2010)

No podía faltar en esta lista una obra de Agustí Villaronga, mallorquín de nacimiento pero barcelonés desde la adolescencia. Pa negre es la brutal posguerra, el drama de la diferencia y una infancia obligada a sobrevivir en el peor de los mundos. Pero la vida se abre paso. Cine catalán. ¿Otros nombres relevantes? Albert Serra, Antoni Ribas, Pau Freixas... Muchísimo por ver.

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No estaba Penélope esperando al Ulises que vuelve tras 16 años a su Habana natal pero sí los viejos camaradas de juventud con ron y cigarrillos en la azotea. Eso es Regreso a Ítaca, un reencuentro a lo Lawrence Kasdan pero sin cadáver de por medio. 

Viejos amigos, trago, humo y el Malecón allá abajo. Todos los pesares reunidos en una tarde, una noche y un amanecer. La Cuba crepuscular del fin de los días.

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El acento de Sofía Vergara se ha convertido en un asunto de Estado en USA. Y no porque a la gente no le guste. Al contrario, el público adora a la colombiana. Es más, ella ha comentado alguna vez que suele potenciar su acento, a pesar de hablar un inglés fluido. Y claro, con este tipo de confesiones, sumadas al buen rollo que desprende la desmpampanante actriz, es lógico que las bromas con ella sean constantes. 

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