Vida y obra de Karl Lagerfeld

Allá donde acaban las gafas de sol oscuras de Karl Lagerfeld, comienza su leyenda. Una romántica historia de las que ya no quedan, escrita a lo largo de sesenta años de trayectoria a lo largo de los cuales no ha hecho sino dedicarse en cuerpo y alma a su pasión. Tal vez, sea ahí donde reside el secreto a voces del éxito del diseñador alemán: en el hecho de que, desde el principio, tuvo claro que lo suyo era la moda.

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No resulta fácil resumir la vida y obra del actual director creativo de Chanel y Fendi en unas pocas palabras. Desde sus comienzos en el taller de Pierre Balmain en el París de principios de los 50, hasta sus últimas vacaciones en Saint-Tropez junto al modelo Baptiste Giabiconi, con el que se dice que mantiene una relación sentimental, lo cierto es que lo del Kaiser da para unas cuantas biografías. Tantas como las que se entretejen en su manera de presentarse ante el mundo; nunca sencilla, siempre múltiple. Porque, aunque su personalidad sea solo una, sola y única, las existencias que ha llevado a sus ochenta y un años han sido muchas. Para entenderlas todas, primero hay que conocer cinco momentos clave.

1. Un alemán en París

1952: este es el año en que Karl Lagerfeld se instaló en la capital parisina tras finalizar sus estudios, que cursó en Francia. Cuando llegó al país galo, apenas tenía doce años. Hasta ese momento había vivido en Alemania con su padre, un banquero de origen suizo que se hizo rico al introducir la leche en polvo en Alemania, y con su madre, procedente de una familia noble. Los progenitores del diseñador se enamoraron después de haber estado casados antes y de tener hijos con otras personas, algo no muy habitual en la época. Él nació diez años después de que se conociesen. 

Todo esta libertad familiar se reflejó en los primeros trabajos del joven Karl, quien pronto se puso a trabajar en la casa de modas Pierre Balmain como premio por ganado un concurso del Secretariado Internacional de Lana, en 1955. Allí permaneció como director creativo hasta 1958, cuando pasó a formar parte del equipo de diseño de Jean Patou. No era la primera vez que Karl Lagerfeld participaba en este certamen; años antes, fue derrotado por Yves Sain Laurent, con el que más tarde compartiría noches de fiestas, rivalidad y también al hombre de su vida.

2. Jacques des Bascher

Se cuentan muchas cosas de él. Que siempre buscó ser el centro de atención, que nunca quiso trabajar sino consagrar su vida a la búsqueda de la belleza y el hedonismo, que fue el último dandy y el primer muso masculino de la Historia. Y es que Jacques des Bascher fue mucho más que un icono de la moda de los 70. Su figura representaba el deseo, el exceso, el joie de vivre, el arte, la belleza en su estado más puro.

Según Alicia Drake, autora de la novela The beautiful fall, en 1973, cuando Karl Lagerfeld ya trabajaba para Chloé y Fendi y estaba a punto de fundar su propia firma, se conocieron el el club Le Sept. Jacques des Bascher llevaba unos pantalones tiroleses. Al día siguiente, ya estaban viajando juntos a la casa de verano del diseñador en Saint-Tropez. No se separaron en quince años.

Se dice que fue mi novio, pero no es cierto. Era la persona más divertida y más distinta a mí que he conocido. Salvaje, chic y divertido. Tenía todos los defectos y todas las cualidades. Para mí era divino, pero otros lo encontraban diabólico. Con estas palabras describía Karl Lagerfeld a Jacques des Basher en una de las pocas entrevistas en que ha hablado de él tras su muerte en 1989, a causa de la enfermedad del sida, concedida a la editora de moda Eugenia de la Torriente en 2009. De la devoción que Lagerfeld le profesaba a des Basher nació su mítica rivalidad con Yves Saint Laurent, quien también cayó rendido a los encantos del novio de nadie que encandiló a la alta sociedad de la década.

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Alta sociedad de la que Karl Lagerfeld ya formaba parte. Todos estos años de experiencia a todos los niveles allanaron el camino para que el diseñador tomase la decisión más importante de su vida: tomar las riendas de Chanel en 1983 cuando, según sus propias palabras, nadie quería vestir de la maison y, en la firma, aún quedaba todo por hacer.

3. Y entonces llegó Chanel

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Cuando Karl Lagerfeld unió su universo al de Chanel, florecían los 80 en Europa. Desde entonces y hasta hoy, su romance con la revolución de Coco Chanel ha ido afianzándose, transformándose en algo que va mucho más que su actual lanzamiento de siete colecciones al año, un puñado de cifras millonarias y el sinfín de nombres de mujer como Carolina de Mónaco, Inès de la Fressange, Caroline de Maigret o Jerry Hall que visten su concepto.

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Lagerfeld hace de cada desfile un espectáculo y de cada espectáculo una declaración de intenciones. Además, él y solo él, tras su especial punto de vista (que en 1996 le valió el Premio de la Cultura de la Asociación Alemana de Fotografía), es el responsable de la mayoría de campañas publicitarias de la maison; además de ser el artífice de numerosos fashion films que destilan Chanel por los cuatro costados y de una larguísima lista de proyectos y colaboraciones paralelas a su labor como director creativo sin cuyo conjunto no podría entenderse la nueva esencia de la firma, tan diferente y, a la vez, tan como siempre. Tan como ella, la gran Gabrielle, la concibió. 

4. De Choupette y otras excentricidades

Como todo artista, Karl Lagerfeld también tiene sus rarezas. Pequeños detalles de su modo de vivir que, ante el resto del mundo, pueden parecer extraños o incluso pretenciosos. Su gatita, Choupette, es toda una celebridad. Ha colaborado con la marca de belleza Shu Uemura y posado para el calendario Vauxhall Corsa. Por tan solo estos dos trabajos, ganó tres millones de euros. La niña mimada del diseñador tiene dos cuidadoras que le pasan a Karl informes diarios de cuándo y cómo come y hace sus necesidades, perfil en Twitter e Instagram, privilegios de primera clase e incluso un libro en el mercado, Choupette: The private life of a high-flying fashion cat.

¿Otras fascinaciones? Dormir con una camisola de cuello alto que él mismo diseñó. Colorear sus bocetos con sombras de ojos y barras de labios. Beber casi su propio peso en Coca-Cola Light a diario. Llevar siempre el pelo recogido en una coleta tirante, con el cabello empolvado a base de champú seco. La tecnología, y es que alguna vez ha confesado tener más de trescientos iPods en su casa. Los pitillos de Hedi Slimane para Dior (adelgazó alrededor de treinta y seis kilos para poder enfundarse sus trajes). El sentido del humor: Todo lo que digo es una broma, afirma.

5. El gran cambio

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Casi cuarenta kilos. Esta cantidad de peso es la que Lagerfeld perdió en tan solo un año. Cuando recuerda este episodio de su vida, el modista dice que lo hizo para poder entrar en la ropa de Hedi Slimane. ¿Cuánto de verdad y cuánto de ironía habrá en esta afirmación? La dieta hipocalórica que siguió, creada especialmente para él por el Dr. Jean-Claude Houdret, está formulada base de sobres de proteínas y vegetales. Y aún en la actualidad genera críticas y halagos a partes iguales. ¿La respuesta de Karl Lagerfeld? Recogerla en un libro, La dieta de Karl Lagerfeld.

En 2012, el diseñador dijo que la cantante Adele "estaba demasiado gorda", generando una gran controversia. Tanta o más como con frases como la moda es la mayor motivación para adelgazar. Todo esto ha ido creando en torno a él una imagen, tal vez un tanto distorsionada si se tiene en cuenta el tono de broma con el acompaña todas sus declaraciones, de defensor de la delgadez como un importante componente de la industria en que trabaja. Opiniones con respecto a este tema las hay para todos los gustos y la suya, aunque mucho más mediática que la del resto de la Humanidad, no deja de ser una determinada forma de pensar como otra cualquiera.

Fotos: Gtres