Los 7 pecados capilares

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Imperdonables. Así son estos siete errores capilares que todos (absolutamente todos, y el que diga que no miente) hemos cometido alguna vez. Tan graves como los mismísimos pecados capitales. Y es que caer en la tentación resulta más fácil de lo que parece; por mucho que los libros sagrados de la belleza traten de evitarlo a base de consejos para el cuidado del cabello, trucos acerca de cómo hay que peinarse y tips sobre las últimas tendencias escritos en verso.

Algunas de estas meteduras de pelo vienen por defecto. Otras tienen que ver con el exceso. La mayoría están relacionadas con seguir procedimientos incorrectos o con utilizar productos inadecuados, así como con el afán desmedido por seguir las modas en lugar de invertir el proceso y dejar que sean éstas las que se adapten a nuestra personalidad estética y/o tipo de cabello. ¿La buena noticia? Que, a pesar de lo garrafal de estas equivocaciones beauty, siempre se pueden evitar antes de que acontezcan o incluso corregir una vez se ha incurrido en ellas. Porque en materia capilar vale tanto prevenir como curar. Diga lo que diga el refranero español.

1. La superficialidad

El primer pecado capilar es la superficialidad. O, dicho de otro modo, anteponer la apariencia de la melena a su salud y pensar antes en el exterior que en el interior. El ejemplo más claro lo conforman todas esas barbaridades de plancha, secador y tenacillas que castigan la fibra hasta el infinito pero que ayudan a lograr un pelo de anuncio por unas horas. Al final, ese aspecto impecable (y efímero) se convierte en un verdadero trampantojo que nunca es lo que parece. Pues no existe nada que afee más el cabello que no tenerlo sano. ¿En serio tanto sacrificio merece la pena?

2. El atrevimiento

Puede llegar en forma de corte de pelo radical, coloración extravagante o peinado fuera de lo común. Pero a todo el mundo le alcanza en algún momento de su vida. Estamos hablando de la valentía desmesurada o atrevimiento capilar. Lo más probable es que si cambiamos de look de un modo radical y sin persárnoslo dos veces antes de, no funcione. Y no porque no nos siente bien lo nuevo sino debido a que, al final, el arrepentimiento acabará haciendo acto de presencia ante el espejo. ¡Cuidado!

3. La demasía

Pasarse nunca es bueno. Sobre todo si el sobrante está relacionado con artículos tan peligrosos como la laca, el gel fijador o la cera efecto mojado. Por eso mismo, y para evitar vernos obligados a lavarnos el pelo justo cuando estábamos a punto de salir de casa y llegar tarde al trabajo o a una cita tal vez perfecta, siempre es mejor pecar por defecto que por exceso. Y luego, si vemos que el cabello nos pide más producto, pues le damos más producto; pero poco a poco, de manera gradual y únicamente cuando él mismo lo solicite. Nunca porque sí.

4. La falsa suficiencia

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No nos engañemos: ni tú, ni yo, ni ellos somos peluqueros. Y la peluquería es un arte que requiere de talento, formación y buen gusto. Coger las tijeras sin más y tratar de conseguir en casa el flequillo de Jane Birkin, el capeado de Brigitte Bardot o el pixie de Mia Farrow no es una buena idea. En serio. No-lo-es.

5. El desconocimiento

En ocasiones, la falta de información o, incluso, la información errónea, pueden provocar verdaderas catástrofes capilares. Y es que, tal vez más que en ningún otro ámbito, pululando por el mundo capilar hay un sinfín de mitos y leyendas urbanas que nadie sabe de dónde han salido pero que muchos se creen sin ningún tipo de cuestionamiento. Mejor ser prudente, hablar con profesionales y no fiarse de lo primero que nos cuenten (o que leamos en la red). Tener un peluquero de confianza al que acudir en caso de duda ayuda. 

6. La imitación

No todos los cabellos son iguales. Y no a todos los rostros o estilos les favorece lo mismo. Por eso, lo que le sentaba bien a Marilyn Monroe (igual) no te sienta bien a ti. Sí: es complicado evitar ese acto casi reflejo de ir al salón de belleza con la foto de una celebrity y gritar a todo pulmón "¡quiero su pelo!" Pero controlémonos. Ni Alexa Chung ni Sienna Miller lo harían contigo; entonces ¿por qué vas a hacerlo tú con ellas?

7. La renuncia

Cuenta la leyenda que, cuando a Sansón le cortaron el pelo, éste perdió su incalculable fuerza. ¿Moraleja? Que, si tienes algún rasgo capilar especial que te identifique y hable de ti más que mil palabras, no renuncies a él. Por mucho que la tendencia, las ganas de cambiar o tus amigos digan lo contrario. Manténte firme. Sé tú mismo. Porque no existe nada más estiloso y con más carácter que un cabello solo y único. 

Fotos: Gtres