Guía breve para una escapada a Lisboa

El famosísimo tranvía lisboeta

El otoño resulta una estación ideal para hacer una escapada a Lisboa, una vez ya el multitudinario turismo de agosto ha dejado paso a cierta (relativa) calma. Porque (sí) la capital portuguesa está siendo víctima de una invasión feroz por parte de visitantes de toda clase y condición y (sí) sus callejuelas se llenan y los tuk tuks atruenan las empinadas cuestas lisboetas.

Pero, aún así, Lisboa conserva una magia indestructible, y posee rincones bellísimos donde todavía (tal vez una tarde de septiembre u octubre) podamos hallar el silencio.

Y ¿qué hacer en Lisboa?

Tantísimas cosas.

Lo de subirse en el tranvía es opcional ya que (ejem) suelen circular atestados de turistas ansiosos de vivir tal experiencia. Pero, por ejemplo, tal vez a alguno sorprenda que Lisboa es una ciudad de vanguardia en cuando a moda, decoración y otros territorios artísticos. Se nota en sus calles y en sus habitantes.

Un lisboeta de hoy en día

No todo va a ser Pessoa (entre otras cosas porque el 99% de quienes compran camisetas y llaveros de Pessoa en Lisboa no saben ni quién demonios es ese tipo -fue un escritor, el escritor lisboeta por antonomasia igual que Kafka es el escritor icónico de Praga-) así que puedes ir de tiendas a LX Factory (Rua Rodrigues de Faria, 103). Se trata de una antigua zona industrial cuyas fábricas han sido reconvertidas en restaurantes, locales donde se vende ropa chula, decoración y una librería enorme y que vale la pena sólo por verla.

LX Factory

Otra opción para hallar un remanso de paz en la Lisboa del siglo XX es darte una vuelta por el Jardín Botánico (Calçada da Ajuda, 1300). Precioso y no especialmente atendido por el sinfín de extranjeros que buscan su momento lisboeta. Realmente bonito y con unas bellas vistas.

Aunque para ver cómo cae la tarde nada mejor que la terraza del Bar Park, en la azotea del parking de la Calçada do Combro. Mola. Es así.

Terraza Park Bar

¿Y para cenar? ¿O para comer? Perderse por el barrio de Alfama resulta una buena opción. La cuna del fado, antes territorio pendenciero, canalla e (incluso) poco recomendable en algunos de sus rincones, se ha gentrificado y en cada esquina abre un estupendo restaurante o bar al más globalizado estilo hipster. Es decir, como los que puedes encontrar en el Palermo Hollywood bonaerense o la Malasaña madrileña. Pero sus tejados, los tejados de Alfama, siguen intactos y hermosos.

Desde Alfama

Lisboa es una ciudad, recuérdelo el visitante, para andar y cansarse por sus cuestas. 

Dormir en un palacio

En cuanto al alojamiento, hay una interesante oferta de hoteles de lujo decadente que tienen un encanto muy especial.

Vivir unos días en el Palacete Chafariz D'El Rei (Tv. do Chafariz D'El Rei, 6) resulta una experiencia deliciosa.

Palacete Chafariz D'El Rei

De cuando la Alfama era lugar donde la aristocracia se asomaba al mar y tenía allí su hogar. Luego las callejuelas de este bonito enclave se convirtieron en otra cosa, más portuaria y más popular, y nació el fado. Pero eso otra historia.

Una de las muchas historias a descubrir en Lisboa.

Que, como París, no se acaba nunca.

Fotos: Cordon Press, Instagram, Palacete Chafariz D'El Rei.