Elogio del jersey negro

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Esto no es un artículo normal que habla de una prenda de vestir cualquiera: esto es un poema de amor compartido entre nosotros, emisores, y vosotros, receptores, para de una vez por todas darle al jersey negro la importancia que se merece; ésa que, debido a su discreción, sencillez y silencio estético nunca hasta ahora le habíamos otorgado.

Dicho esto, que levante la mano quien no tenga (como mínimo) un jersey negro. Y que levante la mano también quien posea varios y ni siquiera se había parado a pensarlo. Porque, si por algo se caracteriza esta pieza, es por estar siempre ahí, pero sin hacerse notar. Eso sí, cuando no sabemos con qué combinar esa nueva minifalda de loco estampado, o cuando queremos ponernos nuestros jeans de talle alto favoritos para ir a trabajar, o incluso cuando tenemos una cita importante, hace frío y no nos da la gana renunciar a llevar un vestido sexy, buscamos desesperadamente un jersey negro en el armario. Igual que a Susan. Bueno... más desesperadamente todavía.

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Pero, ¿cómo es el jersey negro perfecto? Para nosotros, en una talla más que la nuestra, ni muy ancho ni muy estrecho, con cuello a la caja (o de cisne) y confeccionado en punto. Tan simple, y tan complicado. A la memoria se nos vienen ahora iconos de estilo como Françoise Hardy o Jane Birkin que, allá por los 60, supieron combinarlo como nadie. El look garçon fue su arma fashionista y el jersey negro, su munición de no hacer daño a nadie. Camisas blancas, pantalones de campana o faldas de cuadros se conjugaban en sus estilismos con jerséis negros que rozaban la perfección. De riguroso noir, las chicas de la Generación Beat y las existencialistas completan su imaginario sixties.

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De ayer a hoy, el jersey negro favorece por igual a vividoras y a melancólicas. A rubias y a morenas. Lo que cuenta no es el color del pelo sino la actitud. Y a esta prenda hay que echarle desenvoltura, despreocupación, sentimiento cool. A esta prenda hay que quererla sin ahogarla. En libertad. Un pañuelo anudado al cuello a tiempo o una cazadora de cuero sobre el jersey bastarán para mantenerlo a raya (puro instinto). También arremangárselo. A lo parisién.

A estas alturas de la oda, ¿todavía dudas de que lo que sientes por el jersey negro es adoración verdadera? Pues aquí va la imagen definitiva:

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En esta foto podemos ver a Brigitte Bardot haciendo una de las cosas que mejor se le daban en su juventud (con perdón de, y sin menospreciar a la interpretación): ser deseable. Pero en la foto no hay escotes. No hay piernas al descubierto. No hay, apenas, maquillaje. En la foto, única e infinitamente hay un jersey negro viejo sonriendo.

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Fotos: Cordon Press

Mila García