El sirviente, una obra de teatro sobre el poder y sus sutiles contradicciones

El sirviente, versión de Eusebio Poncela y Pablo Rivero

Relaciones de poder, sensualidad y un pretendido punto de comedia son los elementos que componen El sirviente, adaptación teatral de la novela homónima escrita por Robin Maugham en 1948 y convertida en obra maestra del cine por Joseph Losey en 1963 con Dirck Bogarde y James Fox en un cara a cara prodigioso.

Se puede ver hasta el 13 de octubre en el Teatro Español y dirige Mireia Gabilondo.

Pablo Rivero es Tony Williams, un joven al que solo le interesa vivir cómodo y "sin agobios". Al sirviente, Les Barret, lo encarna Eusebio Poncela. Un afable mayordomo veterano que desde el primer momento cuidará y colmará en deseos a Tony como si fuese "su pequeña criatura". Sandra Escacena, Lisi Linder y Carles Francino completan el elenco.

Entre las butacas pudimos ver a Cayetana Guillén Cuervo.

¿Le gustaría la obra?

Porque aquí tenemos nuestras dudas sobre el tono y (especialmente) la duración de esta propuesta teatral. 

¿Lo mejor de la pieza? La idea del juego de poder entre amo y sirviente. Admitamos la osadía de introducir un tono de humor en una obra tan tenebrosa. Y acertada también la escenografía sencilla pero sugerente. Unas cortinas cubriendo las paredes, un sillón verde atercipelado que se desmonta y un mueble bar azul consiguen recrear las diferentes estancias de una casa ambientada en un indeterminado momento del siglo XX. 

La actuación de Eusebio Poncela fue la más celebrada por el público. Es él quien pone el punto de humor y sabiduría esta obra. Pero a partir de la primera hora de pieza, el desarrollo empieza a orientarse a lo absurdo y las conversaciones comienzan a cansar. Sobre todo cuando se ponen a hacer crucigramas durante diez minutos.

Tampoco nos funciona (¡atención, spoiler!) la parte sexual que irrumpe en la obra, ya que en ningún momento la relación entre los personajes hacía ver tan rotundo giro. O, al menos, no de modo tan brusco.

 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Resumiendo. La obra, quizá un poco extensa, es interesante desde el punto de vista conceptual: el juego de poder. El sirviente y el amo cohabitan en un espacio en el que donde al principio había señor y criado después solo existen dos hombres en una relación de dependencia mutua.

Si queréis ver El sirviente podéis comprar las entradas pinchando aquí. Si tenéis entre 16 y 26 años podéis conseguir un pase gratuito en Jobo.

NEREA DOLADO

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