Del safari a la ciudad: historia de un estilo

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Todo comenzó mucho antes, pero fue en la primavera del 68 (qué de cosas sucedieron por esas fechas), cuando Yves Saint Laurent sacó una colección llamada Bambara inspirada en África con una extraña pieza estrella: la sahariana. Extraña porque, hasta ese momento, a ningún otro diseñador se le había ocurrido sacarla de su entorno natural (el de la expedición o el de la guerra) para llevársela al asfalto.

Pero, si por algo se hizo célebre el creador francés, fue por no dar nunca nada por sentado. Su infancia en Orán le dejó como recuerdo un fuerte amor por el continente africano. A eso había que sumarle una inspiración cruzada entre los uniformes del ejército británico en la India y del Afrikakorps alemán y su propia revolución interior a la hora de entender la femineidad.

¿El resultado? Una chaqueta única. Un precedente. Un icono. De color beis gabardina, la primera sahariana de YSL sensualizaba la norma sin romperla y tenía cuatro bolsillos, cinturón con hebilla y se ajustaba al pecho y a la cintura con cordodes cruzados. Para presentarla, Yves llamó a su amiga Veruschka, le dio unas cuantas armas de fuego y la colocó en medio de un paisaje de la Sabana para que Franco Rubartelli le sacase fotos para Vogue. Había nacido una leyenda (o unas cuantas).

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Antes de Yves Saint Laurent, se estrenaron varias películas donde el look safari, propio de los exploradores, ya comenzaba a cobrar vida propia en algunas influyentes divas del celuloide. Mogambo, con Ava Gardner y Grace Kelly, marcó un hito en 1953. Tampoco podemos dejar de evocar la imagen de Brigitte Bardot vestida de aventurera en Solamente por amor (1961).

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Después de Yves Saint Laurent, en los años 70, llegaría la verdadera fiebre por el verbo explorar. En gran parte gracias a él. La libertad aplicada a la moda obró el resto. Editoriales en revistas, desfiles, más estrenos de cine y, por supuesto, las calles descubrieron que lo salvaje podía ser domesticado; pero, eso sí, solo mediante la ropa. Jamás en espíritu. ¿Tal vez por eso el safari nos gusta tanto?

Recorre el nuestro en la galería.

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Fotos: Cordon Press