Del homeless al lolita: 7 etiquetas de estilo que deberías dejar de usar

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Vestimos como hablamos. El pensamiento va por libre. Por eso a veces no somos conscientes de lo que significan ciertos términos que, sin ningún tipo de reflexión, utilizamos a diario: así funcionan la expresiones cuando se normalizan. La semántica de moda no iba a ser diferente.

Y aquí la intención cuenta poco pues, aunque no queramos, lo decimos. Lo decimos y está mal.

Este artículo nace de una autocrítica. No del reproche, sino de la responsabilidad. De ese preciso instante en que alguien se da cuenta de que tiene algo que cambiar. Así que, por todas esas ocasiones en que yo misma me he equivocado al hablar o al escribir, aquí van siete etiquetas de estilo que tú también deberías dejar de usar.

1. Homeless

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Traducción literal: sin techo. Que vive en la calle. Persona indigente y, a menudo, en riesgo de exclusión al carecer de los medios necesarios para vivir. Utilizar esta palabra para describir un modo de vestir aparentemente despreocupado es una injusticia social a la que, por nuestra parte, no vamos a seguir contribuyendo.

¿Una alternativa? Normcore. Una voz que ideó el escritor de ciencia-ficción William Gibson en 2004 para referirse al anti-estilo y que la agencia de tendencias K-Hole rescató en 2013, citando este párrafo suyo: "Una camiseta negra de crío de Fruit of the Loom, un jersey gris de cuello de pico comprado de entre una media docena y un par de Levi's 501 amplios y negros nuevos." No, no es exactamente lo mismo. Pero para eso existe la matización; de la que podemos hacer uso siempre que queramos sin dañar a nadie.

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2. Lolita

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La protagonista de la novela de Vladimir Nabokov tenía doce años cuando Humbert Humbert, un señor de más de cuarenta, "se enamoró" de ella. Fue un delito. Fue un abuso; un abuso machista por parte de un hombre mayor hacia una niña. Fue de todo menos amor.

Por esta razón, etiquetar un look como lolita no nos parece ético. Mucho mejor, explicarlo tal cual lo vemos incluyendo adjetivos como girlie, teencollege e incluso aludiendo a la sensación naïf que transmite.

3. Boyfriend

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¿De verdad hace falta que una mujer tenga un novio al que cogerle la ropa para poder vestir con prendas oversize y superposiciones? Sí, dicho así suena ridículo... Y, sin embargo, referirse a un estilismo como boyfriend nada más aparece en él un vaquero ancho, una camisa de cuadros o una cazadora XXL es tan común como ver a chicas comprando en la sección masculina de las tiendas porque les gusta y punto.

4. Gipsy

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Gipsy significa gitano. Y no todas las personas gitanas van por ahí con faldas largas, ponchos con flecos, chalecos bordados, sombreros de paja y aros en las orejas. ¡Alerta tópico! Generalización. Prejuicio.

Aproximarse a este estilo desde la inspiración hippy y buscar sus antecedentes en el movimiento Flower Power de los años 70, no escatimar a la hora de describir los prints, los colores y los tejidos del look y, en general, rechazar el encasillamiento de toda una cultura (aunque haya que esforzarse con las palabras) ayuda a la integración. Y, de paso, también a que pensemos un poco por nosotros mismos.

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5. Heroin chic

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La adicción a la heroína nunca fue cool. Ni siquiera en los 90, cuando se empezó a utilizar esta expresión para evocar una apariencia enfermiza (con ojeras, pelo sucio y delgadez extrema) relacionada con el consumo de esta droga y, de ahí, se extrapoló a la moda. Iconos de la época como Kate Moss o Jaime King se convirtieron en el modelo estético. Paradójicamente, de repente se glorificó la toxicomanía. Se elogió una lacra.

¿Por qué seguir perpetuando tal contradicción cuando existen bonitos vocablos como grunge, messy o desaliñado de los que tirar?

6. Working girl

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Hay mujeres que trabajan como científicas, gimnastas o limpiadoras. Hay mujeres que trabajan en bata, maillot o delantal. Incluso hay mujeres que trabajan desnudas. La blazer, la falda lápiz, la camisa blanca, el trench y los tacones quedan limitados al dress code de algunas profesiones que, todavía hoy, siguen exigiéndoles a sus trabajadoras un atuendo en concreto.

No seas como el sistema. Abre tu mente. Y, si necesitas hablar de ese estilo al que sin dudarlo le adjudicarías la etiqueta working girl trasládate por unos minutos a la década de los 80 y al empoderamiento femenino en la oficina a través del Power Dressing (o a la toma de poder en traje sastre).

7. Tomboy

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En castellano se dice marimacho. En el imaginario colectivo se dice estereotipo de género. Un absurdo, lo traduzcas por donde lo traduzcas. ¿Mi propuesta? Cargarse de un adjetivazo la división de las personas en géneros con el gesto fácil de sustituir tomboy por genderless.

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MILA GARCÍA

Fotos: Gtres