De cómo Balenciaga resucitó al hombre (normal) de los 90

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El desfile masculino de Primavera-Verano 2018 de Balenciaga no ha sido un revival, sino una vuelta a la vida en el sentido literal de la expresión. Sin reinterpretaciones. Sin actualización. Sin cambios.

Simple y llanamente, la firma ha resucitado al hombre de los 90. Pero no a uno cualquiera; sino al normal. A ese que todos hemos visto alguna vez en las fotos de cuando nuestros padres eran jóvenes y nosotros, aún niños que no sabían ni que existía la palabra millennial.

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En un ejercicio de moda excepcional, llevado a la práctica por el genial Demna Gvasalia (el diseñador que en la actualidad está detrás tanto de Balenciaga como de Vetements), la pasarela se ha llenado de vaqueros sin forma en algunos casos hasta desmontables, camisas de manga corta con estampados de rayas, tropicales y "de señora", americanas con hombreras de esas que nunca sientan bien del todo, chaquetas de chándal, cazadoras de piel XXL polos con banda, gafas de sol con montura de plástico blanco y botas camperas.

Los modelos parecían sacados de un videoclip de Chimo Bayo o de un anuncio de electrodomésticos de teletienda, pero también (al mismo tiempo, todo junto, sin apenas margen para la asimilación) de uno de los múltiples éxodos que sacudieron al mundo occidental durante la última década del siglo XX. Familias incluidas. Demostrando así que, en la estética Balenciaga, el contenido socio-político importa todavía más

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En el fondo de todo, un solo mensaje: Europa. Modelos de todas las edades y condición lo gritaban a los cuatro vientos a través de sus looks. Tal vez, en un intento esperado de recordarnos que, aunque ahora se trate de una especie de tierra soñada para los que llegan de fuera, nuestro continente también vivió una crisis de refugiados en su día; pero desde el otro lado. O al menos así lo entendemos nosotros tras un primer visionado del fashion showDe nuevo, Balenciaga le ha explicado a la industria lo que supone hacer moda.

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Fotos: Cordon Press