Conviértete en el perfecto anfitrión: 10 ideas (antiguas) para recibir en casa

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Ya no quedan antitriones como los de antes. Este artículo es una oda al fascinante arte de recibir en casa; tan pasado de moda, tan viejuno, tan desfasado, que no podemos dejar de amarlo y adorarlo.

Pues al igual que en otras muchas tesituras vitales, en esto, echar la vista atrás se presenta como la única forma posible de aprecio... ¿o quizás no?

1. Vístete para la ocasión

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Un vestido de gala combinado con tus mejores joyas servirá. No te olvides ni del peinado (nunca es suficiente laca), ni del maquillaje (como una puerta). Cuando el mayordomo vaya a abrir, sitúate en la escalinata del recibidor, ni muy relajada ni muy peripuesta, así como casual, mantén la espalda recta, ladea ligeramente la cabeza y coloca una de tus manos en la balaustrada para que los invitados puedan admirar tu belleza al llegar.

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2. Invita a personas que no se conozcan entre sí

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Y, a poder ser, que no tengan nada que ver los unos con los otros: así parecerás súper mundana y cosmopolita. Sofisticadísima. Moderna. También puedes convocar a la misma cena a gente que sabes que se lleva mal y sentarla junta en la mesa. Piensa que un poco de drama siempre ameniza cualquier dinner informal y que tú has de actuar en todo caso como la reina del.

3. Sirve un piscolabis (copa en mano)

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Finje que aún estás dándole los últimos retoques al menú (menú que, por supuesto, no habrás preparado tú sino tus cocineros) y agasaja a tus invitados con un delicioso aperitivo mientras esperan. Transpórtalo desde la cocina al salón-comedor en bandeja de plata y dispónlo de una manera distendida en la mesita baja del sofá. Al hacerlo, exagera pelín la postura, gesticula mucho y, sobre todo, bebe; champaña o jerez, por ejemplo.

4. Prepara un bufé frío...

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Saca la vajilla buena y, tal y como muestra la fotografía superior, apílala junto a las viandas escogidas para que cada cual se sirva a su gusto. Pon flores de plástico alrededor; y candelabros. Puedes aprovechar este encantador momento entre amigos para seguir bebiendo.

5. ... en el que no deben faltar los siguientes platos

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Cóctel de marisco, ensaladilla rusa, caviar del malo, langostinos cocidos con salsa rosa, áspics rellenos, surtido de ibéricos (bien de lomo, por favor), un erizo hecho con canapés de pan de molde, ahumados servidos con limón y pepinillos en vinagre y macedonia de frutas. Imprescindibles. Debajo, ese mantel de hilo egipcio que heredaste de tu abuela para el ajuar de boda.

6. En la mesa, respeta estrictamente el protocolo

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Y haz que tus invitados también lo respeten. Para empezar, sitúalos por parejas, alternando hombre y mujer; y resérvate la cabecera de la mesa. Cuida que cada plato se coma con sus cubiertos correspondientes, que cada vino se beba en la copa adecuada y que cada asistente diga solo las palabras oportunas. El que no... que se calle. Dile que cierre el pico. ¡Échalo de tu casa! Llora en el baño y, un rato después, vuelve como si nada. Continuad disfrutando del banquete. Emborracháos. Charlad animadamente.

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7. Propón un brindis

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Como buen antifrión, has de ejercer también de maestro de ceremonias. Como a estas alturas de la noche ya estaréis todos bastante pedo, pronunciar unas lindas palabras de agradecimiento no te costará nada: viva la falsedad regada con alcohol. Si en medio del discurso te da el hipo, mejor que bien. ¡No lo reprimas!

8. Canta algo

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O anima a alguien que te caiga especialmente mal a que lo haga. Contrata a un saxofonista de jazz o a un arpero medieval (sin escatimar) y, cuando tú o tus invitados os arranquéis por bulerías, haz la señal acordada para que el músico en cuestión salga del armario de la limpieza, del hueco de la escalera o de dónde sea que lo hayas tenido encerrado hasta ahora... pura magia.

9. Haz una tarta

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Da igual si sabe bien o no. De hecho, deberías rellenarla de cabello de ángel o recubrirla con merengue. Lo que de verdad importa reside en el mero hecho de haberte molestado en hacer una tarta para, después, sacarla todo sonriente (quizás, demasiado sonriente) entre exclamaciones de asombro, aplausos y gestos de asco. ¡Viva la vida!

10. Ponle el broche de oro a la velada matándolos a todos

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La guinda del pastel. El colofón final. La sorpresa definitiva. El momentazo por el que siempre te recordarán cuando, en un futuro, hablen de ti y de tus legendarias fiestas. Utiliza para ello una pistola vintage con silenciador y luego envuelve los cádaveres en las alfombras persas o, si te da cosica la sangre, apuesta por el método del cianuro: limpio, seguro y muy teatral. Eso sí, te decantes por el tipo de crimen por el que te decantes, procura mantenerte divina mientras lo llevas a cabo. Recuerda el punto uno.

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Fotos: Cordon Press