Cae la noche en Frigiliana

Paisaje desde Frigiliana

Ahora que (en parte) van atenuándose las multitudes en las playas del sur es momento de redescubrir lugares a donde escapar. En una Málaga de acantilados y crepúsculos de ígnea intensidad está Frigiliana, un pueblo blanco colgado de la montaña, una miniatura bellísima que ha logrado resistir al turismo y sus devastaciones manteniéndose fiel a su arquitectura y su esencia.

Todos los días pisan sus calles centenares de visitantes que pierden el resuello en empinadísimas cuestas y callejuelas, recorriendo los pasos de aquellos moriscos orgullosos que vivieron aquí, guardaron en un baúl la bandera verde con la media luna de sus ancestros y pelearon en las insurrecciones que, finalmente, les llevarían al exilio.

Pero más allá de los turistas de ida y vuelta en el día, Frigiliana es un destino para disfrutar despacio, viendo atardecer sobre la sierra y el mar que sirven de paisaje a sus miradores, contemplando el sol de otoño encender el blanco de sus paredes y el color de sus puertas pintadas en rojo o azul.

Un rincón de Frigiliana

Se trata de tomar el ejemplo de los abundantísimos gatos que habitan este pueblo y buscar el territorio propicio para no hacer nada, pasear muy lento, saborear una cerveza artesana adquirida en La domadora y el león (c/ San Sebastián, 61), garaje reconvertido en establecimiento de inspiración (cuasi)hipster e interesantísima variedad.

Dejar pasar las horas

Lo interesante de Frigiliana es la posibilidad de dejar pasar las horas sin hacer gran cosa.

Un pedazo de Frigiliana

El pueblo conserva un hermoso ingenio azucarero del siglo XVI, que actualmente es la única fábrica de azúcar de esas características que sigue en funcionamiento en toda Europa. 

Tal vez merezca la pena una escapada a las cercanas playas de Nerja, Maro o Almuñecar  y luego subir a cenar al restaurante El Adarve (c/ Alta, 3), donde disfrutar de berenjenas con miel, cous cous o ciervo a la parrilla. Una cocina local de influencia árabe realmente interesante. Se sube por la calle de la Amargura pero eso no significa nada.

Calle de la Amargura

Frigiliana es una población donde convivieron cristianos, árabes y judíos y ahora conviven lugareños y una inmensa comunidad de expatriados. Hay muchísimos alemanes, belgas y, sobre todo, británicos. A The Garden (c/ Santo Cristo s/n) acude la nutrida parroquía british en busca de esa cocina tan del Reino Unido que es la cocina mestiza con curry, especias, leche de coco e influencias lo mismo indias que balinesas. 

Y luego a dormir pisando las calles ya despejadas del turismo diario, escuchando el eco de nuestros pasos, con todas las estrellas colgadas encima, los gatos en las sombras, luz de otoño en las bombillas de las ventanas. Ha caído la noche en Frigiliana y es otoño. Un buen lugar para darse a la fuga.

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