7 desfiles que explican por qué Chanel es Chanel

Más allá de la pasarela, existe un lugar (aún) mejor. Un escenario perfecto que puede ser muchos sitios a la vez; y cuyas coordenadas coinciden en el espacio fashionista con la ubicación exacta donde la imaginación de la moda vuela libre entre trajes de tweed, pequeños vestidos negros y camisetas de rayas marineras. Allí, Chanel comparte sus colecciones con el mundo a través de desfiles cuanto menos, especiales.

No es fácil escoger solo siete. Sobre todo teniendo en cuenta que la maison parisina celebra, precisamente, un total de siete desfiles al año: Prêt-à-porter en Otoño-Invierno y en Primavera-Verano, Alta Costura también con sus dos temporadas correspondientes, Prefall, Crucero y Metiers d'Arts, el desfile anual con el que, desde 2003, la firma viaja por todo el mundo para festejar el trabajo artesanal de las once pequeñas empresas que integran su plataforma Paraffection.

Echando la vista y, ya de paso, también el resto de nuestros cinco sentidos atrás, nos vienen a la memoria momentos tan inolvidables como el que protagonizó Caroline de Maigret en Metiers d'Arts Paris-Dallas, en el año 2013; cuando la musa predilecta de Karl Lagerfeld cerraba su rodeo de indios y vaqueros con un inesperado traje de novia inspirado en la indumentaria de los nativos americanos. O el de aquel vuelo con destino al propio entretiempo de la casa parisina que, allá por el 2007, hizo de su desfile de Crucero uno de los más coherentes de la temporada.

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Y esto solo por rescatar dos ejemplos recientes. De ellos y también del resto, se desprende una de las características principales del concepto Chanel: la capacidad de evocación. O, dicho de otro modo, el don de la marca para teletransportarnos a otros lares, tanto físicos como psicológicos, que al final no hacen sino situarnos en el mismísimo centro del suyo. 

No tan clásico

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En sus capas más superficiales, el universo de Chanel puede dar la sensación de tender más al clasicismo que a la irreverencia que le vio nacer. Pero nada más lejos de la realidad. Porque, gracias a Karl Lagerfeld, quien desde 1983 ocupa el puesto de director creativo de la marca, todo aquel espíritu estéticamente revolucionario que le cambió la vida a tantas y tantas mujeres desde el taller de Coco Chanel vuelve a la vida en cada uno de sus fashion shows. Aunque adaptado a los tiempos que corren.

Ser chica y llevar pantalón de pinza para dar un paseo por la playa, fumar en público ante la atenta mirada de una camelia o despojar a un sombrero de tarde de sus flores ya no es rebelde. Ahora, los métodos han cambiado. Las musas de Chanel luchan por su derecho a la moda de otra forma; incluso vestidas de rosa de arriba a abajo y con el cuello, las muñecas y las orejas llenas de perlas. Pues, a lo largo de sus más de treinta y tres años al frente de sus colecciones, Lagerfeld ha ido rescatando todos y cada uno de esos códigos chaneleros, que en su época supusieron un escándalo, para adaptarlos con total naturalidad al aquí y ahora.

En una inteligente metonimia fashionista, las modelos de Chanel se manifestaron, cómo no, a favor de Chanel en su desfile de Otoño-Invierno 2015/16, celebrado en septiembre de 2014 en el Grand Palais. Con consignas como Make fashion, not warTweed is better than tweet la maison aludía a la parte por el todo de su esencia más absoluta gritando a los cuatro vientos que, al igual que Gabrielle, quizás como firma no tenga por qué estar de acuerdo con todo lo que ocurre a su alrededor. 

Oda a lo artesano

La palabra artesanía proviene de la composición latina artis-manus, que se refiere al arte que se realiza con las manos. En los talleres de costura de Chanel encuentra su definición más bella. La noble labor que allí se efectúa no tiene nada que ver ni con la inmediatez, ni con el afán comercial. Más bien, enlaza con esa idea algo romántica de que la moda es creación artística y de que la creación artística surge única y exclusivamente de la condición humana. De las personas que la hacen posible. Como las flores de origami que embriagaban la pasarela con su aroma de papel destilado a mano en el show de Alta Costura Primavera-Verano 2016 de la maison.

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Por todo esto, Chanel mima a sus creaciones y mima a su equipo pero no solo cuando éstos forman parte de una colección Haute Couture. Lo hace siempre que prepara un desfile (o cualquier otro evento relevante). ¿El resultado? Que esa filosofía del trabajo bien hecho que Mademoiselle Coco defendió a capa y aguja durante toda su vida y por la que en la actualidad, día a día, tanto Karl Lagerfeld como el resto de sus empleados se desviven, se nota. Luego llevar puesto un traje de Chanel trasciende al mero acto de vestirse para convertirse, de un modo hiper-emocional, en todo un sentimiento. Igual que el que generaban las supermodelos de los 90 o el que nace de otras causas colectivas que poco o nada tienen que ver con la moda.

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Una y todas

Karl Lagerfeld llama a sus embajadoras chicas Chanel. Son les fidèles o las siempre fieles a la firma. De Rihanna haciendo la compra en su supermercado Primavera-Verano 2015 a Inès de la Fressange cerrando el desfile de Otoño-Invierno 1987, la mayoría han tenido la oportunidad de formar parte del espectáculo de Chanel; y no solo desde el front row. La paradoja surge cuando lo único que tienen en común entre ellas es que, en realidad, no tienen nada en común entre ellas. Porque su personalidad es tan poderosa, su yo interior está tan marcado y su imagen posee un carácter tan enorme, que resulta imposible comparar a cualquier chica Chanel con el resto.

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A Chanel le gusta lo único, lo especial. Esa individualidad por la que aboga es la que da lugar, precisamente, a un grupo de socialités de lo más diversas que juntas forman un todo. En él, tienen cabida todos los estilos. Todas las bellezas. Todas las edades. Porque, según nos ha enseñado la firma, tanto en la moda como en la vida, primero hay que quererse, entenderse y aceptarse a uno mismo para después poder querer, entender y aceptar al resto. 

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Fotos: Gtres